miércoles, 21 de junio de 2017

ORDENACIÓN EPISCOPAL (VI)

Comentario a la plegaria de consagración episcopal
                                                                                 




Por último, haremos un breve comentario a la plegaria de ordenación episcopal (= POE) desentrañando la imagen del obispo que de ella se desprende. La estructura de la plegaria es la típica de la antigüedad. En cada una de ellas se indicará el propósito de la sección; en el texto de la plegaria en español se indicará la cita bíblica que esta a la base; seguidamente se elaborará el comentario.

Invocación

            Es el inicio de la plegaria donde se invoca el nombre de Dios Padre, a quien va dirigida la misma y de quien se espera obtener las gracias que se siguen. Normalmente el nombre de Dios va seguido de algunos calificativos que apuntan al contenido de la plegaria, v.gr. si una plegaria comenzara diciendo “Oh Dios, salvación de los que sufren” estará ligada al mundo de la enfermedad.

Deus et Pater Dómini nostri Iesu Christi, Pater misericordiárum et Deus totíus consolatiónis, qui in excélsis hábitas et humília réspicis, qui cognóscis ómnia ántequam nascántur.
Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de la misericordia y Dios de todo consuelo (cf. 2 Cor 1,3), que habitas en el cielo y te fijas en los humildes (cf. Sal 112, 5-6), que lo conoces todo antes de que exista (cf. Dn 13,42).



Esta breve invocación ha sido tejida con tres citas bíblicas que nos muestran tres rasgos de Dios: consolador, misericordioso y omnisciente. Las tres están interrelacionadas. Dios sabe todo lo que sus hijos necesitan porque se inclina hacia ellos y comparte sus carencias para atenderlas y, así, consolarlos. Son tres rasgos fundamentales que un obispo debe tener. Lógicamente, al pastor no se le supone omnisciencia pero sí que se preocupe de conocer a sus fieles y saber sus necesidades. Esa es la raíz del ministerio, porque en la medida que conozca, amará a su rebaño y velará por sus necesidades espirituales y corporales.   

Anámnesis

Significa “recordar”, “hacer memoria”. En esta sección, la plegaria hace memoria de los hechos del pasado que prefiguran o anuncian la realidad cristiana que se celebra.

tu qui dedísti in Ecclésia tua normas per verbum grátiæ tuæ, qui prædestinásti ex princípio genus iustórum ab Abraham, qui constituísti príncipes et sacerdótes, et sanctuárium tuum sine ministério non dereliquísti, cui ab inítio mundi plácuit, in his quos elegísti glorificári.
Tú estableciste normas en tu Iglesia con tu palabra bienhechora (cf. Lc 4, 22; Hch 14,3.20,32). Desde el principio tú predestinaste un linaje justo de Abrahán; nombraste príncipes y sacerdotes y no dejaste sin ministros tu santuario. Desde el principio del mundo (cf. Mt 25, 34) te agrada ser glorificado (cf. Jn 13,31; 2Tes 1,10) por tus elegidos.



En esta sección podemos destacar tres ideas: dictar normas, elegir jefes para el pueblo y la alabanza divina. Son tres grandes acciones que Dios ha realizado en favor de su pueblo desde la creación del mundo. Aquí la palabra Iglesia adquiere un doble sentido: por un lado hace referencia a la antigua “Qahal Yahvé”, esto es, la asamblea de los hijos de Israel convocada y reunida para alabar a Dios, a la que Dios provee de jefes, sacerdotes y profetas para nunca se vea desprovista de los bienes espirituales y materiales que Dios le concede; y por otra parte, a la “ekklesía tou Zeou” (= Iglesia de Dios) que es el nuevo pueblo de Dios, el nuevo Israel, a quien dejó provisto, tras la Ascensión de su Hijo, de los apóstoles y sus sucesores para que a esta Iglesia nunca le faltara ni el gobierno, ni el anuncio ni los sacramentos.

Epíclesis


            La epíclesis es la parte de la plegaria en la que invocamos la fuerza del Espíritu Santo. En esta sección predominan palabras como “infunde”, “envía”, “mira ahora”, “manda”, etc.

ET NUNC EFFÚNDE SUPER HUNC ELÉCTUM EAM VIRTÚTEM, QUÆ A TE EST, SPÍRITUM PRINCIPÁLEM, QUEM DEDÍSTI DILÉCTO FÍLIO TUO IESU CHRISTO, QUEM IPSE DONÁVIT SANCTIS APÓSTOLIS, QUI CONSTITUÉRUNT ECCLÉSIAM PER SÍNGULA LOCA UT SANCTUÁRIUM TUUM, IN GLÓRIAM ET LAUDEM INDEFICIÉNTEM NÓMINIS TUI.
INFUNDE (cf. Ex 29,7; Lev 21,10; Jl 3,1) AHORA SOBRE ESTE TU ELEGIDO (cf. Lc 4,14; Hch 1,8) LA FUERZA QUE DE TI PROCEDE: EL ESPÍRITU DE GOBIERNO QUE DISTE A TU HIJO (cf. Is 41,8.52,13; Mt 12,18; Hch 3, 13) JESUCRISTO, Y EL A SU VEZ COMUNICÓ A LOS SANTOS APÓSTOLES, QUIENES ESTABLECIERON LA IGLESIA COMO SANTUARIO TUYO EN CADA LUGAR, PARA GLORIA Y ALABANZA INCESANTE (cf. 1 Tes 2,13.5,17) DE TU NOMBRE.



            La epíclesis que la Iglesia realiza en este momento es pronunciada en voz alta por todos los obispos asistentes. Haciendo un ejercicio de imaginación podemos ver la escena en que el candidato esta de rodillas ante el obispo consagrante principal y sobre él flotan los santos evangelios sostenidos por los diáconos. La imagen describe un pabellón formado por las manos del consagrante como si Dios se reservara ese espacio de intimidad con su elegido para comunicarle la gracia del espíritu de gobierno con el que un día su Hijo fue ungido tras el bautismo de Juan y le dio a sus apóstoles en Pentecostés. Este mismo Pentecostés se está realizando en estos momentos en la catedral ante la grey diocesana reunida para orar y saludar al que será su nuevo pastor.

            Esta epíclesis comienza con el verbo “infunde”, un verbo propiamente epiclético muy presente en la Escritura. El Espíritu Santo es llamado “la fuerza que de ti procede”. Jesucristo es llamado el “amado Hijo” tal como es denominado en los pasajes del Bautismo y de la Transfiguración, justo en los momentos en que el Verbo es ungido y fortalecido por el Paráclito y refrendado por la autoridad de la voz del Padre. La epíclesis recoge, también, la idea de la misión apostólica dada por Jesucristo con la expresión “establecieron la Iglesia como santuario tuyo en cada lugar”. De este modo, la epíclesis concentra las ideas expuestas en la anamnesis: el gobierno, el culto y el anuncio del Evangelio a todo el mundo.

Aitesis


            La palabra griega “aitesis” significa “petición” o “peticiones”. Es el momento en que tras la epíclesis, la plegaria desgrana cuáles son los dones que la gracia sacramental hace fructificar en el candidato. Son un verdadero programa de vida.

Da, córdium cógnitor Pater, huic servo tuo, quem elegísti ad Episcopátum, ut pascat gregem sanctum tuum, et summum sacerdótium tibi exhíbeat sine reprehensióne, sérviens tibi nocte et die, ut incessánter vultum tuum propítium reddat et ófferat dona sanctæ Ecclésiæ tuæ; da ut virtúte Spíritus summi sacerdótii hábeat potestátem dimitténdi peccáta secúndum mandátum tuum ; ut distríbuat múnera secúndum præcéptum tuum et solvat omne vínculum secúndum potestátem quam dedísti Apóstolis ; pláceat tibi in mansuetúdine et mundo corde, ófferens tibi odórem suavitátis,
Padre santo, tú que conoces los corazones (cf. Hch 1, 15-26), concede a este servidor tuyo, a quien elegiste para el episcopado, que sea un buen pastor de tu santa grey (cf. Is 40,11; Hch 20,28) y ejercite ante ti el Sumo Sacerdocio (Constituciones Apostólicas, VIII,46,4) sirviéndote sin tacha día y noche; que atraiga tu favor sobre tu pueblo (cf. Zac 8,22; Mal 1,9) y ofrezca los dones de tu santa Iglesia (anáfora eucarística); que por la fuerza de tu Espíritu que recibe como sumo sacerdote y según tu mandato, tenga el poder de perdonar los pecados (cf. Jn 20,23); que distribuya los ministerios (cf. Hch 1,17) y oficios según tu voluntad, y desate todo vínculo conforme al poder que diste a los Apóstoles (cf. Mt 18,18); que por la mansedumbre y la pureza de corazón (cf. Mt 5, 5-8), te sea grata su vida como sacrificio de suave olor (cf. Ef 5,2),



Los dones que otorga el Espíritu Santo al nuevo obispo, porque ya es obispo tras la epíclesis que es la parte esencial del rito sacramental, son los siguientes:

1. Buen pastor de su santa grey: es el primer oficio del nuevo obispo, mostrar la caridad pastoral de Cristo, principalmente con enfermos y pobres. Él se debe a toda la grey sin excepción.

2. Ejercitar el sumo sacerdocio: es su fin principal. Como dijimos más arriba, todos participamos de la misa que ofrece el obispo y a quien este designa para celebrarla. Él es, no solo cabeza del Pueblo en cuanto pastor del mismo, sino también el sacerdote puesto al frente del pueblo para que sobre este se derramen incesantes gracias celestiales.

3. Servicio incesante: uno es ordenado obispo perpetuamente. No se deja de serlo, pues con el orden episcopal el carácter sacerdotal es llevado a su plenitud. Y este debe ser un servicio puro y sin tacha como aquella ofrenda que se realizaría en todas partes según Malaquias 1, 11.

4. Atraer el favor sobre el pueblo: para esto se ha de tomar aquella idea expuesta más arriba: “este es el que ama a sus hermanos, el que ora mucho por su pueblo”. Porque el oficio del obispo es el de orar por su grey. Y a esto debe dedicarle mucho tiempo. En su oración estaremos todos y cada uno de sus feligreses, clero, religiosos y laicos. Es una oración de intercesión, de expiación y de acción de gracias.

5. Ofrecer los dones de la Iglesia: ejerciendo el sacerdocio según el rito de Melquisedec. Esta petición está unida a la anterior. Pues el obispo ofrece la misa “pro populo sibi commiso” (= en favor del pueblo a él encomendado). De hecho, tal es así, que ha habido un cambio de nombre: a las misas que celebra el obispo ya no se les denomina “misa pontifical”, porque, aunque sea el pontífice de la diócesis quien la celebra, no es algo personal suyo; ahora a esta misa se la denomina “misa estacional” porque es (o debería ser) manifestación de la Iglesia local, que hace “statio”, es decir, parada, reunión para alabar juntos a Dios y ofrecer el sacrificio de toda la Iglesia. según dispuso el Concilio Vaticano II: “El Obispo debe ser considerado como el gran sacerdote de su grey, de quien deriva y depende, en cierto modo, la vida en Cristo de sus fieles. Por eso, conviene que todos tengan en gran aprecio la vida litúrgica de la diócesis en torno al Obispo, sobre todo en la Iglesia catedral; persuadidos de que la principal manifestación de la Iglesia se realiza en la participación plena y activa de todo el pueblo santo de Dios en las mismas celebraciones litúrgicas, particularmente en la misma Eucaristía, en una misma oración, junto al único altar donde preside el Obispo, rodeado de su presbiterio y ministros” (SC 41)

6. Poder de perdonar los pecados: misión dada por Jesús a los apóstoles en la misma mañana de la Resurrección. El obispo es el primero que debe manifestar su solicitud pastoral por los pecadores, por aquellos que abandonan el rebaño de Cristo o que se desvían por sendas tortuosas. El nuevo obispo es el primer ministro de la misericordia de Dios. Y él debe procurar tanto que sus colaboradores inmediatos se confiesen y administren con él el sacramento de la Reconciliación, como que sus feligreses acudan a este sacramento, lo valoren y lo propaguen.

7. Distribuir los ministerios: el episcopado es el ministerio fontal de la ministerialidad de la Iglesia. Todos dependen de él, que es quien ordena presbíteros y diáconos, quien instituye acólitos y lectores, quien bendice la profesión religiosa, quien nombra jueces, profesores y exorcistas.

8. Desatar todo vínculo adquirido: como dijimos en el punto 6, es un mandato del Señor a Pedro y de éste a los demás obispos. El poder de las llaves para liberar a los hombres del pecado y sus consecuencias.

9. Una vida grata como suave olor: es la fragancia del incienso que se quema al ser entregado al carbón en el oficio divino. El olor suave del obispo deviene de su entrega generosa al servicio de Dios y de su grey. Una vida gastada cuál lámpara del Sagrario, que en la intimidad del templo tiene la misión de recordarnos que Dios está vivo en el templo: “Deus hic” (= Dios está aquí). Así debe ser la vida del nuevo obispo, gastarse y desgastarse en recordar su pueblo que Dios sigue vivo y presente, actuando en medio de ellos. Que es un Dios que camino en medio de su pueblo y que pastorea por medio del nuevo pastor.

Doxología

            Es la conclusión más o menos solemne de la plegaria donde se evoca nuevamente al Padre como destinatario último de la misma, por la intercesión de Jesucristo en la unidad y la acción del Espíritu Santo. Esto fue establecido así en el canon 21 del Concilio de Hipona (393).

per Fílium tuum Iesum Christum, per quem tibi glória et poténtia et honor, cum Spíritu Sancto in sancta Ecclésia et nunc et in sǽcula sæculórum. Amén.
por medio de tu Hijo Jesucristo, por quien recibes la gloria, el poder y el honor, con el Espíritu, en la Santa Iglesia, ahora y por los siglos de los siglos. Amén.



            Poco más hay que añadir a estas líneas sobre el obispo y la ordenación episcopal. Solamente queda que el próximo 24 de junio acudamos todos los que podamos a recibir a nuestro nuevo obispo, a don José Luis Retana.


            Vayamos a darle la bienvenida a nuestra diócesis, que se sienta cómodo y feliz entre nosotros. Abarrotemos la catedral para orar por él y con él. Disfrutemos de los ritos y fórmulas litúrgicas que se sucederán.
            Bienvenido, pues, don José Luis a nuestra, y desde el día 24 de junio suya, Iglesia de Plasencia. Bienvenido a Extremadura, a un pueblo con historia y con mucho amor a Dios y a su Madre la Virgen. Que ella, la Virgen de Guadalupe, le proteja y le ampare en su pontificado. Dios le Bendiga

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