viernes, 6 de octubre de 2017

DOMINGO XXVII DEL TIEMPO ORDINARIO





Antífona de entrada

«A tu poder, Señor, está sometido el mundo entero; nadie puede oponerse a ti. Tú creaste el cielo y la tierra y las maravillas todas que existen bajo el cielo. Tú eres Señor del universo». Tomada del libro de Ester, capítulo cuatro, versículo diecisiete. Al inicio de la celebración hacemos –con estas palabras- confesión de fe en Dios creador de todo. Conocer su dominio y poder sobre todo cuanto existe nos conforta y alienta en el camino de la vida porque inspira confianza en los fieles: si todo está en manos de Dios entonces nada malo puede ocurrir, no hay lugar para el arbitrarismo y el capricho ciego del destino. Nuestra vida está en manos de Dios, que es el Señor del universo.

Oración colecta

«Dios todopoderoso y eterno, que desbordas con la abundancia de tu amor los méritos y los deseos de los que te suplican, derrama sobre nosotros tu misericordia, para que perdones lo que pesa en la conciencia y nos concedas aun aquello que la oración no menciona. Por nuestro Señor, Jesucristo». Tomada del misal romano del 1570. Este texto oscila entre dos campos: el campo del hombre: tímido, limitado en su oración, agitado por los pecados; y el campo de Dios: generoso y desbordante en sus dádivas, conocedor óptimo de todo aquellos que necesitamos y no somos conscientes. Dios y hombre son dos orillas unidas por el puente de la oración y de la misericordia.

Oración sobre las ofrendas

«Acepta, Señor, el sacrificio establecido por ti y, por estos santos misterios que celebramos en razón de nuestro ministerio, perfecciona en nosotros como conviene la obra santificadora de tu redención. Por Jesucristo, nuestro Señor». De nueva incorporación. Esta oración concentra tres ideas fundamentales para entender el misterio eucarístico: 1. “sacrificio establecido por ti”, celebramos la misa porque ha sido instituida y mandada por el mismo Señor: “haced esto en conmemoración mía” (cf. Lc 22,19). 2. “misterios que celebramos en razón de nuestro ministerio” este aserto recoge una doctrina formulada ya por el Concilio IV de Letrán (1215): “[…] Y este sacramento nadie ciertamente puede realizarlo sino el sacerdote que hubiere sido debidamente ordenado…” (DH 802). Lo que significa que solo por el ministerio sacerdotal se confecciona y ofrece el sacrificio eucarístico mientras que por el sacerdocio bautismal se participa de otra manera. 3. “La obra santificadora de tu redención” la actualización del sacrificio redentor del Señor en cada celebración de la Eucaristía hace posible que hoy, traspasando el espacio y el tiempo, el hombre pueda seguir gozando del ser salvado.

Antífonas de comunión

«El Señor es bueno para quienes esperan en él, para quien lo busca». Tomada del libro de las lamentaciones, capítulo tres, versículo veinticinco. Y nosotros lo buscamos en el pan divino que es alimento para las almas. Cuando decimos que nuestra esperanza está en Cristo debemos pensar que es una esperanza que se actualiza y se hace real en cada comunión de la que participamos. Es el pan que nos regala la bondad divina si sabemos confiar y aguardar su providencia.

«Porque el pan es uno, nosotros, siendo muchos, formamos un solo cuerpo, pues todos comemos del mismo pan y participamos del mismo cáliz». Tomada de la primera carta del apóstol san Pablo a los corintios, capítulo diez, versículo diecisiete. Este es el principal efecto del que tenemos que tomar conciencia al acercarnos a comulgar: que el pan eucarístico nos hace ser uno en Cristo, nos hace un solo cuerpo que se ofrece al Padre. Es Cristo como cabeza y la Iglesia como su cuerpo, luego el Cristo total, el que se encuentra en cada Eucaristía tanto como oblación santa como comunión eucarística.

Oración para después de la comunión

«Concédenos, Dios todopoderoso, que nos alimentemos y saciemos en los sacramentos recibidos, hasta que nos transformemos en lo que hemos tomado. Por Jesucristo, nuestro Señor». De nueva creación. Cristo, pan de vida y cáliz de salvación, se nos ofrece como alimento de salvación para que progresivamente nos vayamos “cristificando”, es decir, pareciendo más y mejor al Señor, a quien hemos tomado.


Visión de conjunto

            El primer artículo del Credo dice “Creo en un solo Dios, Padre, Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible”. En esta reflexión final vamos a centrarnos en la propiedad nocional “Creador” referida a Dios Padre, primera persona de la Trinidad.

La comprensión del Dios-Creador ha tenido variaciones a lo largo de la historia y de las áreas geográficas. Vemos algunas, someramente, tomadas del Catecismo de la Iglesia:

·         Mitologías: en las religiones y culturas antiguas encontramos numerosos mitos referentes a los orígenes.

·         Panteísmo: todo es Dios, que el mundo es Dios, o que el devenir del mundo es el devenir de Dios.

·         Emanacionismo: el mundo es una emanación necesaria de Dios, que brota de esta fuente y retorna a ella.

·         Dualismo o maniqueísmo: existencia de dos principios eternos, el Bien y el Mal, la Luz y las Tinieblas, en lucha permanente.

·         Gnosticismo: el mundo (al menos el mundo material) sería malo, producto de una caída, y por tanto que se ha de rechazar y superar.

·         Deísmo: el mundo ha sido hecho por Dios, pero a la manera de un relojero que, una vez hecho, lo habría abandonado a él mismo.

·         Materialismo ateo: no aceptan ningún origen transcendente del mundo, sino que ven en él el puro juego de una materia que ha existido siempre.

La Sagrada Escritura ofrece dos relatos de la Creación del mundo que debemos apreciar y saber entender. No deben entenderse nunca al pie de la letra. La doctrina de la creación sirve para confirmar la fidelidad de Dios a la alianza y atestiguar el poder soberano de Dios en la historia, la creación y la liberación de Egipto dan testimonio de esto.

Toda la Biblia está salpicada de referencias a la creación en como marco hecho por Dios para insertar en ella al hombre, inicio de la Historia de la Salvación (cf. CEC 280). En el libro de Isaías a partir del capítulo 40 encontramos referencias a Dios como creador de cielo y tierra que volverá a restaurar al pueblo y el culto. Hay que tener en cuenta que estamos en la época del exilio. También en los salmos encontramos importantes referencias. Son confesiones alegres y agradecidas de fe. Destacan los salmos 148, 8, 104, 19,33.

En la literatura sapiencial se inserta una diferencia ya que la religión está impregnada de la cultura helénica. Es decir se observan los atributos divinos y las obras creadas y se sigue un proceso racional de búsqueda de Dios: el último discurso del libro de Job donde se ofrece una descripción de la creación en defensa de Dios; también Proverbios 8, 22-31, donde la sabiduría de Dios, atributo divino, es presentada con rasgos personales y jugando con la “bola del mundo”. No se nos escapa el de Sabiduría 13, 1-9 donde se acentúa la posibilidad de un conocimiento de tipo natural y racional que nos pueda conducir a la existencia de Dios.

En el corpus paulino encontramos un texto semejante a este en Rom 1, 20-25. La gran definición teológica del conocimiento natural de Dios fue consagrada en 1870 por el Concilio Vaticano I en la Constitución dogmática Dei Filius: «La misma santa madre Iglesia sostiene y enseña que Dios, principio y fin de todas las cosas, puede ser conocido con certeza por la luz natural de la razón humana partiendo de las cosas creadas» (DSH 3004).

En conclusión, cuáles son las enseñanzas bíblicas más importantes de la creación: a) El mundo entero debe totalmente su existencia a la acción libre y soberana de Dios; b) El mundo es bueno; c) El mundo existe para el hombre. Todo ello supone que nosotros como fieles cristianos debemos dar gracias a Dios por su bondad infinita, por haber creado este precioso mundo para nosotros, para nuestro disfrute lo que implica que debemos cuidar de él como de la casa común de la que se trata. La verdadera ecología no es cosa de otros sino de los mismos cristianos. La ecología se hará justa en la medida en que se presuponga una sana antropología pues el destino del mundo y del hombre están unidos en esta vida y en la venidera donde aparecerán los cielos nuevos y la tierra nueva junto con una nueva humanidad redimida y exenta de llanto, dolor, enfermedad, luto y muerte.

Dios te bendiga




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